Consignas de escritura

carta al egoEgo, ya no es necesario ladrar, patalear ni pelear. Mucho del fuego que fuimos se apagó con el paso lento y pesado de estos años, con el llanto que se convirtió en río, con la crudeza que se volvió ceniza. En el fondo de los fondos, ya no hay ningún eco. Ya no hay voces gritando ni revolviendo ni susurrando. Hay limpieza.

Ego, ya no es necesario defendernos, lastimarnos ni lastimar. El guerrero soltó su espada y se entregó al tiempo: se abrazó a sí mismo.

Ego, somos vos y yo en una tierra finita, agria y dulce. Y no hay otra cosa que hacer que bajar la guardia y entregarse al corazón. No hay que temerle al corazón. No hay que tenerle miedo a este nuevo yo que somos.

Este es un pedacito de la carta que le escribí a mi ego hace unos días. Qué decirte: me alivió un montón. Y no importa si lo que escribí es bonito o feo, duro o sweety. El poder sanador y liberador de la palabra se siente cuando decimos las cosas como tienen que ser dichas. Sin maquillaje, sin palabras raras, sin querer demostrarnos nada. Te aliento a que hoy te tomes un ratito para vos, agarres tu cuaderno y le hables a esa parte que también te habita.

Cualquier cosa que me quieras contar antes o después de hacer este ejercicio, podés dejarla en los comentarios.

Escribo diarios y te animo a que te conozcas a través de consignas y talleres. Soy nómade y bien humana. Amo la naturaleza, los libros y la autoexploración. Autora de Letras Luz y del blog La Vida de Viaje.

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