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Violeta me habla de abandono, de pérdida, de exigencia. Y lloro porque algo de todo eso me toca. Cuando vuelvo a Buenos Aires, la ciudad me muestra a mi Yo del pasado. La que fui, sí. La vulnerable, la miedosa, la perseguida, la mental, la que quiere controlar, la que no fluye. ¿Qué lugar ocupo en esta ciudad que siento que no me pertenece? ¿Y en esta casa? La casa en la que crecí desde los siete años y que me devuelve todos los fantasmas que alguna vez tuve y que sigo teniendo. Porque acá fui, sí, pero sigo siendo. Y siento que vivir en los extremos (naturaleza-ciudad) es contraproducente para mi salud mental. Pero acá está mi familia, acá está creciendo mi sobrina. Y frente a eso no hay nada que pueda hacer.

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Siento que cuando me voy de casa, abandono a mi familia. Lo sentí una vez en Retiro cuando trataba de ocultar las lágrimas cuando me despedía de mamá y papá. Hay una parte de mí que me dice “vos deberías quedarte, deberías acompañar, deberías estar”. Y mientras escribo esto siento el pecho pesado. Me abruman los problemas de ciudad grande: la inseguridad, el miedo, la desigualdad. Me duele pensar que se quedan en esta selva que cada día se vuelve peor. No sé cómo aguantan, no sé cómo se acostumbran, no sé y no entiendo cómo pueden vivir así.

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“Si no hago, los pierdo. Si no hago, no me quieren. Si no hago, no estoy”. Intento traducir los mensajes de mi inconsciente. Los leo y me quedo mirando la hoja como si fuera un mar quieto. No sé qué pensar ni qué decirme, no sé con qué llenar los espacios vacíos. Lo único que veo en esta costa es espuma en su orilla.

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Hace unos meses papá encontró una bolsa con cosas de mi abuela que todavía no pude ver. No sé si habrán cuadernos, cartas, fotos o todo eso junto. A veces creo que mi abuela aparece cuando tiene algo para decirme. Sus palabras son como la pieza de una historia que me falta. Siempre lamento no haberla conocido.

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Digo bien: la consciencia me hace. Como me hace esta lluvia que veo por la ventana, como me hace la música bossa que calma el acelere de mi mente, como me hace el té de melisa que tomo para relajar mi sistema nervioso. La consciencia me hace, la respiración me hace. La respiración lenta que infla mi panza y que escucho al inspirar y al exhalar. El ayuno también me hace. El ayuno me permite reconocer lo mental que soy. Me muestra que a veces no quiero hablar ni escribir lo que me duele para no reconocerlo, porque al hablarlo o escribirlo le doy entidad, le doy cuerpo. Y así me ahogo en un vaso de agua, así mi dolor permanece, así rechazo lo que me pasa. Digo bien: así todo se vuelve peor.

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Hace varios días que estoy mejor, más tranquila. Si bien estuve con la cabeza puesta en muchas cosas, me sentí en paz conmigo misma. Logré acomodar el sueño y dormir profundo. Buenos Aires sigue siendo el caos que me sobreestimula y me altera y me agita, pero hay un punto en el que ella y yo nos afinamos. Será acostumbramiento, será soltar la mente, será abstraerme. No lo sé. No sé por qué siempre busco nombrar lo que no necesita ser nombrado.

Escribo diarios y te animo a que te conozcas a través de consignas y talleres. Soy nómade y bien humana. Amo la naturaleza, los libros y la autoexploración. Autora de Letras Luz y del blog La Vida de Viaje.

Comentarios(2)

    • Meli

    • 1 semana ago

    ¿Qué lugar ocupo en esta ciudad que siento que no me pertenece?

    Llevo seis años fuera de mi país de origen, estando allá me sentía rara, abrumada, que no encajaba, tenía miedo, me alteraba. Ahora estoy acá y siento lo mismo ¿es natural? ¿será ese mi lugar? fuera de la caja. ¿Te has sentido parte alguna vez?

    Me ha gustado toparme con tu blog. Gracias y saludos.

    1. Hola, Meli. Gracias por compartirte. Yo me siento parte en pueblos pequeñitos, rodeados de naturaleza. Por eso viajo, porque si bien no tengo un lugar fijo, me gusta saber que tengo esa independencia, ese desapego a las cosas. Claro que después de un tiempo viajando necesito frenar, y cada tanto alquilamos alguna casita donde pasar el invierno. No sé dónde estás ahora mismo y qué tan diferente es al que estabas, quizá ese sea el punto (o no, si querés contame un poco más y seguimos charlando). Te abrazo y te leo!

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