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Hay algo que descubrí leyendo a Rupert Spira y observando mi propia mente: el pensamiento necesita una historia para sobrevivir.

Sin historia, no se sostiene.

Sin relato, se desarma.

Sin justificaciones, se queda sin combustible.

 

Por eso insiste tanto.

Por eso busca causas, explicaciones, motivos.

Por eso arma teorías sobre quién sos, por qué sos así, qué deberías haber hecho distinto.

 

El pensamiento (desde la mirada del mundo) está lleno de justificaciones:

“soy así porque cuando era chica me dijeron tal cosa”,

“esto me sale mal porque yo siempre fui…”

 

Y así, una cadena interminable.

 

Pero acá aparece el primer truco: toda esa arquitectura está sostenida por un solo pensamiento.

Uno.

El que te quita la paz.

El que repetís sin darte cuenta.

El que elegís (sí, elegís) instante tras instante para sostener tu identidad.

 

Porque en el fondo, la historia protege algo: una idea de quién crees que sos.

 

Y esa idea suele sonar así:

Soy insuficiente.

Soy muy mental.

Soy mala hermana.

Soy desordenada.

 

Fijate algo: ¿qué parte de esas frases cambia? 

La narrativa.

¿Qué parte no cambia nunca? 

Lo que está antes de cualquier historia: Soy.

 

Eso es lo inmutable.

La presencia misma.

El fondo silencioso que no se modifica aunque cambien tus roles, tus crisis, tus estaciones internas.

 

Si yo te pregunto ahora:

¿Sos?

La respuesta es evidente.

Sí.

 

Y ese “sí” no necesita explicación.

No requiere revisar la infancia, ni analizar vínculos, ni justificar nada.

Es reconocimiento directo.

Puro.

Simple.

 

Entonces… ¿qué pasaría si la próxima vez que te encuentres sosteniendo una historia sobre quién sos, te quedaras habitando el “Yo soy” sin completarlo con nada? ¿Qué espacio se abriría ahí?

Yo soy.

Punto.

Todo lo que viene después es interpretación.

Interpretaciones aprendidas en la infancia, la adolescencia, la adultez.

Historias heredadas de la familia, la cultura, la sociedad.

Pero historias al fin.

Y si dejamos las historias por un momento, dice Spira, empezamos a notar algo hermoso: la presencia no necesita narrativa para existir.

Somos, aunque no nos contemos nada.

De eso se trata este camino.

De volver una y otra vez a lo que permanece.

Soy Jime Sánchez y acompaño a mujeres que están listas para transformar su identidad, redefinir su visión y actuar en coherencia con la vida que desean vivir. Soy Coach Ontológico, Mentora de Identidad Profesional y desde hace más de 20 años trabajo con herramientas de escritura y dibujo en retiros, talleres y procesos individuales. Más de 350 personas ya atravesaron experiencias conmigo. También soy autora de los libros "Letras Luz" y "Diario de la infelicidad", donde comparto mis propios procesos de transformación.

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