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19 de febrero de 2019

Estoy tocando fondo. Con mi cuerpo, con mi energía, con mis hábitos y rutinas, con la mente que no para nunca. Me siento desbordada de pendientes, de ítems en Trello que no llego nunca a mover al tablero de “Hecho!”, de cositas en la cabeza para hacer/decir/enviar/armar/ahora/después/mañana/por mail/por Whatsapp/por audio/por Instagram. A todo esto le sumo mi ansiedad y cartón lleno.

Hoy lloré profundo, como si un océano hubiese estado esperando mi permiso para salir. Me aterra mi falta de amor. Me da miedo darme cuenta de lo poco que me cuido a mí misma. Me angustia ver mi vulnerabilidad tan desprotegida. Rechazo alimentos, rechazo emociones, rechazo a la mujer que soy. Lleno mi agenda como si estuviese buscando oxígeno en lo que “tengo que hacer” y me ahogo en el intento.

Hoy lloré tanto que en cada lágrima se encendió un faro. “Tengo que llorar, me debo permitir llorar”. Y escucho a papá diciéndome: “No llores, hija. No hace bien llorar”. Y en ese instante se me prenden todas las alarmas. ¿Cómo que “no hace bien llorar”? ¿Cuánto de todo lo que se debería haber llorado se escondió? ¿Desde cuándo está esta idea en el inconsciente de mi familia? Recuerdo aquella vez que cuando niña entré al cuarto de papá y mamá, y papá se secaba las lágrimas rápido con sus manos en señal de “acá no ha pasado nada” y estaba pasando todo: la muerte de mi tía, su hermana. Y si me pongo a pensar, casi no tengo rastros en mi memoria de ver a papá y mamá llorando. No tengo rastros de su humanidad sensible. Y yo sigo llorando y le digo que sí, que hace bien llorar, que voy a llorar todas las veces que haga falta, que lo necesitan mis huesos y mis venas.

¿Y sabés qué, Diario? Ojalá ellos se permitan llorar desde las entrañas alguna vez.

Escribo diarios y te animo a que te conozcas a través de consignas y talleres. Soy nómade y bien humana. Amo la naturaleza, los libros y la autoexploración. Autora de Letras Luz y del blog La Vida de Viaje.

Un comentario

    • Flor

    • 2 años ago

    Cuando comenzamos a darnos cuenta que somos los nuevos frotes de un árbol genealógico enfermo, todo se desestabiliza.
    El Universo nos da los grandes objetivos a la ovejas negras porque somos las mas fuertes, somos los corderos con fieles de lobos.

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