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Volví a este espacio cuando lo sentí y no por obligación. Sé que este desafío consistía en escribir 30 relatos durante 30 días consecutivos pero no lo logré: me dejé llevar por mis emociones, mis ganas y mis tiempos. Creo que esta decisión de sentirme libre a la hora de volcar mis pensamientos por este medio, viene de la mano de una elección consciente de hacer lo que hago bajo la lupa del cuando quiero, cuando me mueve.

Estoy muchísimo mejor. Después del día 26, después de 10 días, después de llorar, de escucharme y sacar el peso auto impuesto en mis hombros, sonreí y mucho. Volví a mi eje sin tenerle miedo a salirme de la senda más adelante (quizás no suceda pero sabemos que la vida se trata de surfear olas) porque entiendo que así somos hasta que sin esfuerzos nos damos cuenta que el “click” tiene raíces bien profundas.

A diferencia de otros episodios similares al que pasé, esta vez dejé que la angustia me hablara a los ojos y me enseñe. Decidí por motus propio mirarla frente a frente y preguntarle por qué aparecía otra vez. Quise sentirla de pies a cabeza y que se vaya cuando ella decida. Y así como apareció, se fue.

Hace 6 días que mi energía es otra, pero más allá de las sensaciones, la vida me lo está demostrando con pequeños gestos que para mí son muy claros. Algunos son más mundanos que otros, pero… ¿cómo puede ser que esta seguidilla de acontecimientos hayan pasado justo cuando noté un cambio? Es creer o reventar, pero no tengo dudas de que la respuesta es más que obvia:

Momento 1:

Me invitaron a un viaje. Hace tanto que quería hacer un viajecito cortito y no salía, no salía, no salía hasta que me llegó un email con una invitación (ya les contaré de qué se trata). Salté de la alegría y de la emoción porque es un lugar al que hacía rato quería ir.

Momento 2: 

Voy a revisar la presión de los neumáticos del auto, adonde nunca pero nunca hay nadie, y un chico me pega un grito de atrás: ¡te ayudo! Nos quedamos charlando y cuando nos despedimos me saluda diciendo: qué buena onda que tenés, por eso me acerqué (se imaginarán mi cara de sorpresa).

Momento 3:

Voy al supermercado, bajo al estacionamiento, el hombre de seguridad se acerca y con una sonrisa me dice al lado de ese auto negro que ves en frente podés estacionar. Me acompaña, hacemos chistes y le agradezco (¿alguna vez les pasó esto? A mí nunca).

Momento 4:

Voy a la peluquería (no me pregunten por qué pero la mayoría de las mujeres cuando quieren “cambiar”, corren a arreglarse el pelo y no soy la excepción). Hablando con la peluquera me dice la iluminación que te querés hacer sale $220, mi respuesta ui no, ¡pero no me alcanza!, me mira y me contesta no te preocupes, la gente buena como vos me cae muy bien así que si tenés $150 me pagás eso y listo. Además de cobrarme menos, me regaló una ampolla de nutrición para el pelo que costaba $30.

Momento 5:

Unos amigos viajeros me regalan entradas para el teatro sin motivo. ¡Gracias!

No es que estoy viendo el vaso medio lleno, sucede que siempre el vaso está lleno a pesar de todo. Y cuando nuestra alma hace “click” la vida se ve y se siente de otra manera. Y ella te lo hace saber: por acá vas bien.

Soy Jime Sánchez y acompaño a mujeres que están listas para transformar su identidad, redefinir su visión y actuar en coherencia con la vida que desean vivir. Soy Coach Ontológico, Mentora de Identidad Profesional y desde hace más de 20 años trabajo con herramientas de escritura y dibujo en retiros, talleres y procesos individuales. Más de 350 personas ya atravesaron experiencias conmigo. También soy autora de los libros "Letras Luz" y "Diario de la infelicidad", donde comparto mis propios procesos de transformación.

Sin comentarios

  1. Qué lindo Jime! Es verdad que tenés buena onda, incluso a mi también me alegra leerte así a pesar que te vi 1 vez en mi vida. Disfrutalo con todo tu ser y contagianos 🙂

  2. Linda! Gracias! 🙂 Volvé de París así nos vemos! jajaj
    Un abrazote a la distancia

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