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La maldita herencia
de lo seguro
de lo palpable
de lo superficial
de lo que está bien
de lo que está de moda
de los “deberías”
de los prejuicios
de los innumerables vistos buenos (de cualquiera)

Si mirásemos la realidad despojados de miedos
y de las ridículas proyecciones desenfocadas,
dejaríamos las excusas en los cajones.

Excusas, excusas y excusas.
Son un atajo a la mediocridad.
No vemos lo que realmente queremos (¿o no queremos verlo?)
Nos cerramos los ojos cuando más abiertos deberíamos tenerlos.
Desperdiciamos el tiempo buscando en el afuera lo que está intacto dentro nuestro.

Entonces:
Desafiemos a la máquina del tiempo de una buena vez.
Arranquemos el velo que nos cubre y nos paraliza.
El miedo puede estar en frente tuyo… pero se convierte en bellísima incertidumbre a la vuelta de la esquina.
(sólo es cuestión de cambiar de largavista)

A cuántos de nosotros nos falta la dosis de locura del loco que canta por la calle,
del “extraño de pelo largo que sin preocupaciones va”,
del enmascararado que grita frente a cientos de personas en el Obelisco,
del que se pone una maceta en la cabeza y anda en bicicleta.

Por eso dejá que se te vuele la peluca
y despeiná a los que no se ríen con las cosquillas de la vida.

Nadie necesita visas para despegar
solo des-pegarse de la inmovilidad.

Escribo diarios y te animo a que te conozcas a través de consignas y talleres. Soy nómade y bien humana. Amo la naturaleza, los libros y la autoexploración. Autora de Letras Luz y del blog La Vida de Viaje.

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