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Desde hace un par de días que me vengo golpeando con todo: puertas, sillas, bordes de la cama, bicicleta. Desde hace un par de días que noto a mi corazón latir un poco más rápido. ¿Qué pasa? Quizás el caos de la ciudad me esté contaminando y me esté contagiando su manera tan acelerada de vivir.

No puedo evitar salir con el auto y putear a algún salame que hace una infracción o que me apura desde atrás. Pero, tampoco quiero meter a todos en la misma bolsa, porque hay otros, que suelen coincidir con los que menos tienen, que te ofrecen un paquete de pañuelos por la ventanilla, les decís que no con una sonrisa, se acercan al auto y te regalan un Espero que tengas un grandioso día. Y me hacen sonreír todavía más.

¿Dónde estará esa persona en este momento? ¿Seguirá con esa alegría de la mañana? ¿El taxista que me insultó al mediodía, abrirá la puerta de su casa con cara de ogro? 

Hoy puedo dividir mi día en dos: en uno hice todo rápido, en otro bajé cinco cambios. Salí con la bici inglesa a pedalear por el río, donde no había casi nadie, salvo algunos autos y otros tantos como yo sumergidos en el viento y el sol de otoño.

Desde que me subí hasta que me bajé: sonrisa. Claro que sí, no podía ser de otra manera. Salí muchas veces con la bici, pero esta vez lo hice sola. Y me reencontré con ella. Con la consciencia consciente. Con mi yo hundido en un único momento.

Di toda una vuelta y encontré un lugar ideal para sentarme con todo el río frente a mis ojos. Respiré hasta que mis pulmones estuviesen bien llenos… y me solté. No escuchaba ni una voz, el sonido en estéreo de los pájaros sacudió mi cabeza. Cerré los ojos y sentí cómo el viento movía mi cuerpo de una manera muy sutil. Cuando los abro, veo una planta a pocos metros bailando a la par mía. Somos seres vivos, iguales pero de diferente materia. Yo era ella y ella era yo. Sintiendo lo mismo. Creciendo hacia arriba.

Me acosté y vi el cielo celeste. Bien celeste, sin una nube. Y es que no había ni un pensamiento dando vueltas por el aire.

¿Por qué nos cuesta tanto vivir así? ¿Por qué estamos automatizados golpeándonos con todo y todos? Si pudiésemos vivir así de lento y tan profundo, no tengo dudas de que viviríamos más. Y no necesitaríamos sólo 15 días de vacaciones para desconectarnos de nada. Porque viviríamos conectados desde el año 0 al año 100.

Por eso el “operativo consciente” está calentando motores. Para darle rienda suelta al movimiento de mis ojos, de mis piernas, de mis brazos, de mi cuerpo todo. Porque si vivimos con los ojos vendados, no vivimos.

Escribo diarios y te animo a que te conozcas a través de consignas y talleres. Soy nómade y bien humana. Amo la naturaleza, los libros y la autoexploración. Autora de Letras Luz y del blog La Vida de Viaje.

Comentarios(5)

  1. He estado leyendo tu blog y la verdad que te incita a seguir leyendo. Envidio tus ganas de viajar en bicicleta, algún día espero hacer lo mismo.

    Extraño encontrarme con esas personas que te desean un buen día. Ya ni me las cruzo por mi ciudad. Es una pena.

    Que andes bien.

    Saludos.

  2. Muchas gracias! Esas personitas andan por ahí, creo que todos tenemos que abrir un poco más lo ojos. Un abrazo!

  3. […] Día 2: Operativo consciente (o un desafío dentro de otro) Día 3: Reflexiones en una mañana cualquiera […]

  4. […] desafío consciente sigue en pie pero me cuesta, quizás está trabajando a un nivel más inconsciente (qué […]

  5. […] es algo salvaje en ese sentido, pero no entiendo por qué a veces le cuesta tanto volantear. El desafío consciente sigue en pie pero me cuesta, quizás está trabajando a un nivel más inconsciente (qué […]

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