Viaje de autoexploración por Mendoza (parte 4)

 

Día 31: Amabilidad

Me preparo el mate, me siento al sol, leo frases:
~ cultivar la práctica de hacernos íntimos con nosotros mismos
~ liberar el instinto básico de cuidado y conexión
~ aceptar y aceptarnos incondicionalmente
y regreso al origen en cuatro palabras:
ser mi propia madre.

Día 32: Luna llena

Volver a Huayquerías para encontrarme con la luna. Que la música de la tierra susurre canciones. Que el té de canela y jengibre endulce una peregrinación por cañones oscuros, angostos y silenciosos. Hablar de cosmovisiones, del mapudungún, de rituales. Que el fuego corone 32 días de autodescubrimiento. Que la noche, las estrellas y los astros sean testigos de palabras sentidas. Que el sentido sea el principio de un comienzo.

Día 33: El tiempo

Sentarme a escribir sobre el viaje que me cambió la vida. No saber por dónde empezar, no saber qué palabras usar, no saber en qué momento pasó tanto tiempo. La puerta invitándome a salir, el sol como oxígeno, la bici y un nuevo viaje. Escribo: “Todo empezó en el 2013 cuando decidimos subirnos a una bicicleta para recorrer más de 6 mil kilómetros desde Ushuaia hasta La Quiaca siguiendo la mítica Ruta 40, la columna vertebral de Argentina. Un camino de llanuras, pampas, desiertos, bosques, lagos y montañas. Un camino que iba a ser nuestro bautismo como cicloturistas. En ese viaje iniciático todos los miedos salieron a la luz: ¿dónde vamos a dormir? ¿Qué vamos a comer? ¿Cuántos kilómetros podremos pedalear por día? ¿Y si nos pasa algo malo? ¿Y si nos roban? ¿Y si….? Hasta que entendimos que la primera lección del camino era fluir. Como lo hace la bicicleta, la naturaleza y el viento. Con cada giro de pedal nos fuimos soltando y la frase “confiemos en lo invisible” se convirtió en la premisa del viaje…”.
El tiempo como la llave a un pasado.
El tiempo como cofre de recuerdos.
El tiempo como prueba de que otra vida es posible.

Día 34: Letargo

Levantarme lento, desayunar lento, que el día sea lento. Que mis planes terminen siendo otros: una siesta abrazados, una vuelta por el pueblo, frutas en el pasto. Que el aire caliente marque el ritmo de mis pasos. Detenerme en los detalles simples.

Día 35: Mente

Pensamientos que limitan, arden y contaminan. Pensamientos basura que moldean el cuerpo y la realidad. ¿Cuánto de lo que pasa en mi mente ya no va más?

Día 36: Yoga

Estirarme, prolongarme, percibirme. Que las asanas me devuelvan el eje, que mi pulso sea testigo de un cambio de frecuencia. Recordar que este cuerpo que habito debe estar en mi lista de prioridades. Recordar que cuidarme es tan necesario como respirar.

Día 37: Nublado

Asomar mis ojos por la ventana y que las montañas estén blancas, encender el fuego al mediodía; pasar la tarde entre ideas, mapas y mates, reírme con Andrés, mimar a Cima, jugar con Rosa, salir un ratito y que el frío me recuerde que hoy es día de
casa
calor
quietud
intimidad
y música.
Nada más,
nada menos.

Día 38: Recuerdos

Amanecer con fotos de niña. Sentir el perfume de mamá, recordar las canciones que me cantaba papá. Ver a Helena jugar, ser testigo de un pretérito perfecto, descifrar el lenguaje de las sombras.
Que el día termine con una frase simple y poderosa:
es hoy.

 

Día 39: Extrañar

Extrañar acampar en lugares sin nombre, extrañar los cielos infinitos, extrañar el movimiento como parte tácita de mi vida, extrañar las charlas con y sin sentido en la banquina, extrañar la vida de viaje de a dos.
Extrañar sabiendo que todo eso que extraño está a punto de empezar.

Día 40: Florecer

Caminar y que los colores ya no estén ausentes. Respirar perfumes. Alegrarme por los nacimientos de la tierra. Que los brotes estén en las plantas de la casa, en los árboles del jardín, en todas las plantas y árboles de todas las casas y jardines.
Sonreír al sacar esta foto.
Sonreírle a la vida que a veces no veo y vive al lado mío.

Día 41: Oxígeno

Necesitar alejarme de la computadora, los deadlines y la conexión wifi. Necesitar montaña, ruta y aire. Querer equilibrar mis hemisferios: mi sur, mi hacia adentro, ya tuvo su buen invierno. Mi norte, la nómada, me pide oxígeno.
Oxígeno.
Movimiento.
Continuar la búsqueda.

Día 42: Cable a tierra

Recordar que cuento con:
~ La respiración: para pausarme, para ver la realidad en slow motion, para aquietarme.
~ El silencio: para que el guión que escribo todos los días se llene de puntos y comas, para dejar de creerme el ombligo del mundo, para escuchar, escuchar y dejar de decir.
~ Este momento: para vivirlo tal como es, con sus contrastes y colores, confiando.
Confiando en lo invisible.

Día 43: Último día

Limpié, ordené y frené. Subí al techo y vi estos 43 días desde arriba. Me vi frágil, empoderada, nostálgica y feliz. Me sentí pendular: armo y desarmo, aprendo y desaprendo, construyo y destruyo.
Soy cíclica.
Soy bien humana.

Día 44: Volver

Le digo a Dani que volver forma parte del viaje. Me digo que vuelvo por poco tiempo. Le digo a Andrés que ya esta ciudad no me representa. Me digo que puedo ir y volver cuantas veces quiera. Le digo a Sol que no hay necesidad de caer en extremos. Me digo a mí misma: permitite sentir lo que venga en la forma que sea.
Y sigo.
Y vivo.
Y más tarde o más temprano todo se acomoda.

 

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