Páginas matutinas (o un pedacito de mi cabeza en papel)

Mi alma está tranquila. Algo se acomodó después de mi viaje al Norte: pasado y presente en el mismo punto de partida. “¿Ves? Así tenés que hacer: sacás las hojas que ya no te sirven y las que sí las dejás”, me decía N en mi sueño. Y creo que esas palabras sintetizan todo. Vi y comprendí, sentí y comprendí. El Norte siempre me desacomoda y acomoda a su precioso antojo.

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La muerte: ella siempre dando vueltas como una transeúnte cualquiera. Asexuada. Incandescente. La muerte como recuerdo, como lágrima, como aprendizaje, como tiempo, como puente, como salto. La muerte como sorpresa, como destino, como lava que arde o como caricia. La muerte como miedo y deseo. La muerte como fantasma y ángel.

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Desde la ventana de A veo dos árboles. Uno con ramas y brotes, otro con hojas verdes y amarillas finitas que se sacuden con el viento. Esté nublado, soleado o lloviendo, esa ventana me habla: con pájaros, con voces, con campanas, con puertas, con autos, con llaves, con bicicletas, con perros.

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Quiero vivir un tiempo en el Norte. Tener mi rutina de caminata-meditación-escritura y que nazca un diario. ¿Dos meses será mucho? ¿Cafayate o Purmamarca? Y después me iría al Sur, para ver qué palabras nacen y mueren estando en los dos extremos de Argentina. Me gustaría Ushuaia, pero también El Chaltén.

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Familia. Creo que nunca en mi vida me pregunté qué es para mí “familia” y si lo hice no me acuerdo. Las palabras que nacen de mi boca son amor, paciencia, atención, cuidado, respeto, opuestos y complementarios. Armonía y caos. La familia romántica y perfectamente amorosa es una construcción de los cuentos, como la del príncipe azul. Cómo nos cagaron la psiquis con los cuentos y las películas infantiles.

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Me gusta sentir el silencio de mi cabeza. Es como una gran pileta olímpica donde nado crol al ritmo del agua. Así la siento: calmada. Pero quizás mañana la sacuda un temporal o una llovizna de primavera o la acune el solicito del verano. El ciclo empieza y termina empieza y termina, siempre. Hay que aprender a convivir con el desorden y con el caos, hay que aprender a vivir con el silencio y la calma de los bosques que es lo mismo que decir ciudad y naturaleza. Otra vez, los opuestos se complementan.

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Cuando no desayuno me duele la cabeza, me retumba el cuello, siento un gusanito en la panza. El verde me gusta, pero los ocres (estepa y cerros) me hacen cosquillas en el pecho. La altura me quita el aire, pero es ahí donde el sentido toma otra dimensión. Ahí me siento en paz.

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La vida. Ama y señora. Volátil, compañera, egocéntrica y compleja, simple y sincera, amorosa y odiosa. Se parece mucho a la muerte: las dos tienen luces y sombras.


Este es un pedacito del día 2 de mis páginas matutinas, una técnica creada por Julia Cameron para destrabar bloqueos creativos. Nico Marrero en su blog Letras de Viaje explica qué son y para qué funcionan. Yo las amo.

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2 comentarios sobre “Páginas matutinas (o un pedacito de mi cabeza en papel)

    1. Sí! Yo las conocí hace siete años atrás más o menos y las escribí durante un mes. Fue genial y muy fuerte leerme años después jeje. Ahora quiero mantener esa escritura hasta mínimo fin de año jejej Te quiero!

Comentarios:

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