“¿Qué es la muerte?”. Liliana Calatayud

Había algo sobrecogedor en aquel cementerio abandonado. No eran precisamente los nichos vacíos o las ruinas. No eran los pastos muertos que tapaban otros muertos con la piedad vegetal que no se descompone. No. Había algo en el aire, un lamento inaudible transmitido solo por el tambor del tiempo.

Los tres jóvenes se miraron. Uno empezó a narrar cuentos de zombis y aparecidos, animado por las risotadas de su amigo. La única mujer permanecía en silencio hasta que se topó con un cajón abierto. Abierto y colmado de huesos. Allí estaba el instrumento a través del cual alguien río, cantó, bailó, se puso de rodillas, asestó un puñetazo, levantó una plegaria, deseó, plantó un árbol, abrazó con fuerza, se rindió, soñó con ser famoso, sintió rencor, se enamoró, odió hasta las lágrimas, tembló de miedo, de frío, de todos los temblores de la vida hasta que vino la muerte con sus sueños oceánicos y su viento de dispersar temblores.

“Vivir es llegar y morir es volver”, recordó Jazmín. Aquellos huesos solo habían emprendido parte de la travesía. El regreso es un viaje en soledad a la casita del árbol, a la pura ingravidez ingrávida, con la única carga -que mencionó el poeta- de unos “pobres pedazos de amores sin usar”.

Jazmín siguió recordando: “el comienzo de la vida es la entrada a la muerte. Tres hombres de cada diez caminan hacia la vida. Tres de cada diez caminan hacia la muerte. Tres de cada diez mueren en el ansia de vivir. Solo uno conserva su vida porque no le tiene apego. Aquel que no tiene apego por su vida va desarmado al combate. Tanto el rinoceronte como el tigre o el arma no pueden dañarlo porque en él nada puede morir”.

Y qué es la muerte -pensó. Si esto es el capullo de la crisálida, ¿dónde está la mariposa? ¿Se habrá llevado sus sueños? ¿O está desnuda de todas las desnudeces juntas y vuela los vuelos de los libertarios? “Morir es regresar”, ¿adónde? ¿Será morir un despertar?

Miró a sus compañeros que entre bromas torcían las cadenas del miedo y entonces vio sombras blancas alrededor de sus cabezas.

-¿Pueden verlos?- gritó.

Por la respuesta supo que ella era la única que podía ver. Entonces les pidió silencio. Que no estamos solos. Que miremos este suelo que pisamos, esto que llamamos camposanto, un espacio robado al tiempo. Sobrecogidos por la determinación de sus palabras, se sentaron a la sombra de un tala, escuchando apenas el sonido de la respiración, el filtro de la vida. Al cabo de un tiempo indefinido, escucharon una voz antigua que traía el viento:

“Se gobierna un gran Estado (lo que equivale a gobernar tu mente) con la suavidad con que se fríen pececillos. Cuando rige el mundo por el Tao, los espíritus de los muertos usarán su poder. No porque los espíritus carezcan de poder sino porque el poder de los muertos no alcanzará a los hombres. Los espíritus no dañarán a los hombres, y el sabio nunca ha de perjudicarlos. Si no se perjudican mutuamente, la virtud reúne a ambos”.

En ese momento una suave brisa los envolvió y levantándose sin mediar palabra, caminaron hacia la salida. ¿Quiénes son estos seres que rara vez se dejan tocar? ¿Qué somos en realidad? En sus mentes surgió la pregunta que tanto tiempo atrás hiciera en India un joven llamado Svetaketu:

-Padre, ¿quién soy? ¿Qué existe en mí?

Su padre Udalak le pidió que trajera el fruto de un árbol y lo abriera. Dentro había muchas semillas.

-Elige una semilla y rómpela. ¿Qué ves dentro de ella?

-Nada- respondió el hijo.

-De esa nada surgió este gran árbol. Lo mismo eres tú, Svetaketu. Tar-tvam asi, “eso eres tú, Tú eres eso”. Cuando encuentres el no-ser -que es todo- serás tu mismo.

En silencio, Svetaketu sintió profundamente la nada y comenzó a preguntarse cómo esa nada se mezcla con el ser, cómo se mezcla el ser con el no-ser. Udalak, dándose cuenta de que su joven hijo era en realidad un antiguo viajero del tiempo, se hizo traer un vaso con agua y mezclar en él un poco de sal.

-Una vez mezcladas, ¿puedes separar la sal del agua?

-No, la sal parece haberse convertido en agua.

-Del mismo modo el no-ser y el ser no están separados, la vida y la muerte no están separadas. Son una, y tú eres eso.

Eso eres tú, sintieron. El viento, el pájaro, los montes, el río, un puma, una mosca, el canto del labriego, la sombra del árbol, los huesos abandonados. Eso eres tú, los tres amigos, la iguana entre las piedras, la mariposa que antes fue gusano, el olor a lluvia, el lago quieto, el galope de un caballo, el desierto, una estrella fugaz.

Cuéntame más acerca del Ser. El Supremo Ser se viste de todos los seres, se repregunta en ellos, vuelve una y otra vez, es la sutil esencia en la cual todas las cosas tienen su existencia y eso, la magnífica multiplicidad, esa maravilla, eso eres tú.

Este texto lo leí en “La Buena Tierra”, una revista de distribución gratuita en Buenos Aires y Córdoba. Fue escrito por Liliana Calatayud y las citas son del Tao Te Ching, Lao Tsé y las Upanishads.

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4 comentarios sobre ““¿Qué es la muerte?”. Liliana Calatayud

  1. Y el poema citado al comienzo es “Velorio del solo” de Juan Gelman. Me encantó Jime, gracias por compartirlo!
    Velorio del solo

    “Especialmente anda preocupado
    por el tiempo, la vida, otras cositas como ser
    morir sin haberse alcanzado a sí mismo.
    En esto era tenaz y los días de lluvia
    salía a preguntar si lo habían visto
    a bordo de unos ojos de mujer
    o en las costas del Brasil amando su estampido
    o en el entierro de su inocencia (muy particularmente).
    Siempre tuvo palabras o pálidos y pobres pedazos
    de amores sin usar, de grandes vientos,
    trece veces estuvo por entrar a la muerte
    pero volvió, de acostumbrado, decía.
    Entre otras cosas quiso
    que alguno más entendiera este mundo
    con lo que horrorizaba a la propia soledad.
    Hoy lo velan tan espantosamente aquí mismo,
    entre estas paredes por las que resbalan todavía sus
    puras maldiciones,
    desde su rostro cae el ruido de las barbas aún vivas
    y nadie que lo huela
    llegará a imaginar cómo deseaba gozar con el misterio
    del amor inocente,
    darle agua a sus niños.
    Mientras devuelve la piel y los huesos prestados al
    descuido
    mira a lo lejos su figura y se persigue
    por lo cual sin duda pronto
    va a empezar a llover.” JG

  2. Que buena idea compartir este texto. Para leer y re-leer.
    Hoy (18, yo ya estoy comentando en 19, en verdad) la muerte esta presente en el recuerdo del hijo de una compa de laburo que hace un mes falleció. Un niño de 15 años… La muerte hoy está acá, pero gracias por traerla al lado de la vida. Me cuesta verlo así, pero ahí está.
    Te abrazo

    1. Cuesta. Pero forma parte de la vida. Es una letra chica que duele, que no se entiende (muchas veces), pero que está. Hay que dejar de verla como algo tabú o que nunca va a pasar. Te abrazo fuerte Vani.

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