Vacío

A veces pretendo ser normal en un mundo piñata. La soledad me parece tan real como el silencio y las letras me resultan más vivas que lo que veo a través de la ventana de este primer piso. Me seduce la quietud, quizás el andar lento es más una necesidad que un medio.

La indiferencia del sol que nace y vuelve a nacer como las oportunidades de cambio. No le encuentro sentido a espiar: me siento cómoda en mis zapatos cuando me permito sentir. La taza caliente de té y el libro que espera en la mesa de luz se volvieron refugio.

La ciudad me devuelve sosiego de pueblo. De una a cinco la siesta. Me gusta volverme testigo de una mirada que marcha a su propio ritmo: el exceso de voces me quitan fuerza.

No hay nada detrás de la pared, o quizás si. Vacío. El cielo amarillo es mi compañía y me da placer encontrarme en la nada. Me gustan los espacios despejados y el cuarto con luz de media mañana. Con cada comienzo de viaje me desintegro: vuelvo a construirme sobre mis pies ladrillos.

Hoy fuimos al puerto y me dejó descalza. Mis hombros se desacoplaron y brotaron palabras y preguntas y palabras. Hubo individualidad. Hubo atardecer de cielo mar. Hubo fuego del otro lado del río. Hubo reposo en pasos.

No hay vuelta sin regreso.
No hay hogar sin latidos.
No hay vida sin paréntesis.

El reposo se escucha efímero y profundo.

El alma es el compás.

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2 comentarios sobre “Vacío

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