X de Xiomara

Nos guste o no, nuestro nombre de alguna manera nos define. No es lo mismo si una persona se llama Marta, Florencia o Sofia. Todos tienen connotaciones diferentes y se relacionan directa o indirectamente a preconceptos que creamos a lo largo del tiempo.

Resulta difícil imaginarnos bautizados con otro nombre: no me hallo en Agustina, me pierdo en Catalina y me ruboriza Roberta. Ojo que tampoco me siento identificada con mi primer nombre María, pero ya con 27 años en mi mochila, logré acostumbrarme.

Qué sucedería si tuviésemos un ticket de cambio que nos habilite solo una vez a cambiar nuestra identidad sin tramiteríos de por medio? La cosa sería más o menos así: nacemos con un alias arbitrario elegido por los gustos de nuestros padres, y cuando ya somos un poco conscientes de nosotros mismos y algo independientes, nos acercamos al Registro Civil, vamos a la oficina “NN” o “Nuevos Nombres”, y de un momento a otro, salimos al mundo con una actitud diferente y conformes con nuestro nuevo sello. Reemplazamos el DNI, cuyo número sigue siendo el mismo de siempre al igual que nuestro apellido, y colorín colorado, habemus cambiado.

Toda esta fantasía surgió como consecuencia de rastrear palabras que empiecen con X. No sé cuántas vueltas di hasta llegar a una que llamó mi atención: Xiomara. No tenía idea de que se trataba de un nombre, más bien pensé que representaba algo sin saber qué específicamente.

Xiomara es un nombre femenino de origen árabe y significa “la estrella más hermosa del Universo”. Sus variantes ortográficas son Kiomara y Siomara, y según la numerología, es de naturaleza emotiva vehemente, se manifiesta en la expresión artística, las cosas del honor y las del humor; ama el color, las proporciones y el ánimo alegre. Le gusta sentirse complementado, busca la prosperidad y la realización, el complacer y recibir y tiene una amplia comprensión, penetrante adaptación y fusión de lo ancestral y lo actual.

¿Podemos llegar a identificarnos con otros nombres? ¿Cómo me habré llamado en otras vidas? ¿Qué pasa si nos reconocemos en un nombre que no nos pertenece? ¿Cómo sería mi yo si en lugar de Jimena fuese Xiomara? ¿Me pararía igual o diferente? ¿Hubiese andado los mismos pasos? ¿Me hubiese despertado gustos o intereses distintos? ¿Me hubiese moldeado de una manera en particular?

¿Cuánto nos influye nuestro nombre en lo que queremos o deseamos hacer? ¿Cuánto afecta en nuestra historia?

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