U de Ulular

El bebé búho no puede decir who: de su boca solo sale why. Y en definitiva eso es su sello, su marca personal, lo que lo distingue del resto de su especie. Mamá y papá búhos lo miran confundidos, porque en lugar de respetar su tradición milenaria, él ulula de una manera… atípica.

A pesar de intentarlo una y otra vez no hay forma de revertirlo, y poco a poco, el bebé búho se vuelve un extraño. Cundo se reúnen con el búho sabio, éste lo sentencia: “no podemos admitir en el grupo a un búho que diga why porque todos los búhos deben decir who“. Triste y sin entender el porqué, es expulsado de la comunidad.

En su doloroso camino sin brújula, conoce a un pato que en lugar de pronunciar cuac recita cuic, y desafortunadamente, también fue desterrado de sus tierras. Se hacen muy buenos amigos y empiezan a buscar algo para reinventarse, pero siempre maldicen sus diferencias y anhelan ser como el resto para volver a su vida cómoda y vivir de una buena vez en paz.

“¿Están locos?”, les grita una voz del más allá, “no hay suficientes personas cambiando y creciendo. La mayoría está atascada en sus moldes y solo unas pocas, como tú, bebé búho, y tú, patito, se han atrevido a romper el molde y ser diferentes” (*).

*

En un mundo donde se celebran las coincidencias, no hay lugar para la disparidad. El querer ser se vuelve una carga pesada que atrofia los músculos.

Saltar al vacío no es cosa de valientes. Saltar al vacío va la mano con la independencia de quien se mira en un espejo y se reconoce como un ser tan perfecto como el resto.

¿Diferente? ¿Qué es ser diferente? ¿Cuáles son las diferencias? ¿Quién levanta la bandera de las diferencias? Ser blanco o negro. ¿Y si quiero ser un gris? ¿Y si me quiero pintar de colores?

Solo caminando el sendero que ansiamos, emergen tribus desconocidas que comparten el mismo andar, que quieren dejar la misma huella, que intentan alejarse de teorías preconcebidas sin un cúmulo de rebeldía.

Deseo que cada vez seamos más los desobedientes, los que interrogan el conformismo, los indisciplinados que nadan a favor de su propia corriente. Los que defienden, a mucha honra, que sus diferencias son las que los mantienen vivos.

(*) Esta historia, “El búho que no podía ulular”, fue escrita por Robert Fisher y Beth Kelly en el año 1999.

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