O de Ordinario

Ordinario. Una palabra que evoca a poca cosa, a lo burdo, a lo absurdo, a lo poco educado, a lo vulgar, a lo fuera de lugar, a tantos otros sinónimos que nos persiguen como pacmans.

En la vereda de enfrente el mismo tren de nueve letras, viste un vestido color pastel. Con andar suave y aires de inocencia, intenta sin suerte agarrar mariposas que vuelan más rápido que los sutiles movimientos de sus manos. Sonríe, despreocupadamente. Respira, con sencillez. Ilumina, sin buscarlo.

Ordinario y simple. Sin titulares, en voz baja y rozando el silencio del mar. Sin buscar impresionar a nadie, hacer por hacer por querer hacerlo. Vida que se reduce a instantes tan mundanos como imperceptibles, veloces como pestañeos, sencillos.

Abandonarse en la cotidianidad, en los perfectos momentos imperfectos. Soñar, equivocarse y levantarse. Renunciar a lo que nos tiñe, desatender bullicios, prestarle los oídos a nuestra voz.

Construirnos. Como queremos y como nos salga, soltando lo impecable.

Momentos ordinarios. Momentos para sumergirnos. Momentos para hacerlos nuestros.

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