M de Miedo (el miedo no es vida)

Fantasmas. Dragones gigantes. Grandes “nada” a los que les damos nuestros cielos para que los conviertan en infiernos. Construcciones invisibles que no nos dejan ver. Anticipaciones que no anticipan nada. Bloqueos de nuestra energía. Miedos que contaminan nuestra vida.

En la M de Miedo se esconde la M de Muerte. Miedo a la pérdida, consciencia de nuestro paso finito, cuentas regresivas. Miedo a que les pase algo a los que quiero. Miedo que me debilita por el mero hecho de imaginarlo.

¿Por qué lo pienso? ¿Me habré acostumbrado a este ritmo vertiginoso de la ciudad y a los mensajes de los medios donde nada está bien y todo está mal? Mi mundo, cada vez más limpio y ordenado, se ve afectado por imágenes de mi mente que me aterran. Será el momento de aceptar que la vida son ciclos donde los opuestos se complementan, donde el nacimiento nos abre los ojos de par en par y la muerte le da un sentido a nuestros pasos.

Formamos parte de un mundo que tiene dos caras: la vida-la muerte, el amor-el odio, la paz-la guerra, la alegría-la tristeza. Aceptar y soltar las cadenas nos da el pase libre para ser sin pensar tanto en ser, sino simplemente ser. Mi consciencia me dice que me guíe por mi intuición y que le cierre la puerta a la mente, ese espacio frontal donde las conexiones son surreales e irreales, donde los ruidos son exponenciales y el estallido es cantado.

No sé qué es lo que no quiere perder mi alma. Estoy agarrada a viejos paradigmas que ya no me pertenecen, que ya no son míos. Mis hábitos mentales continúan sosteniendo un castillo de cartas con figuras borradas. Mi pecho me pide que camine aquí y ahora y siga soltando para vaciarme por completo.

Una de las verdades fundamentales acerca del ser humano es que, nos guste o no, la vida tiene una tasa de mortalidad del 100%. Depende de ti, únicamente de ti, identificar lo que es importante y a continuación modelar tu vida de acuerdo con ello.

Cuando tu mente y tu cuerpo se saturan de emociones negativas como miedo, amargura, cólera, tristeza, preocupación y desconfianza, tu energía -tu poder sagrado- se bloquea. Te instalas en una vida insípida y autodestructiva. Energéticamente, tu cuerpo se torna letárgico y empiezas a sentirte mal. Tu mente se nubla a causa de la confusión. Dejas de confiar en ti mismo e incluso puedes empezar a confiar en los valores y reglas de otros. Tu poder acaba saliendo por la ventana, junto con tu autoestima, espontaneidad, motivación y la capacidad de escuchar tu sabiduría interior.

Te han confiado tu vida y eres realmente el único que puede manejarla. Tu capacidad para mantenerte a ti mismo se encuentra directamente relacionada con tu autoestima, y ésta dependerá de lo intuitivamente despierto y conectado que estés con tu espíritu. Permanece presente aquí y ahora, pase lo que pase. Es el mejor medio para mantener tu centro y conectarte con tu poder sagrado. (Laura Alden Kamm | La intuición como poder de sanación).

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