Día 24: Revelaciones

Por momentos me es inevitable escuchar una vocecita que me aconseja, que me alienta, que me da con seguridad un pase al elixir del mundo de lo desconocido, que me señala el camino por donde tengo que andar. A veces me pregunto si soy el único especimen en este planeta que se habla así misma como si fuese otra persona, como si algo del “más allá” me dijera cómo tengo que actuar “más acá”. Toda mi vida le di un espacio muy importante a mi lado espiritual, a mi no-ser, a mi eterno yo. Lamentablemente mi lado humano sale a pelearse con él para ocupar mi atención. Y en esa lucha me encuentro hoy.

*

Calle. Frío. Campera. Más frío. Árbol. Flores. Muchísimas flores.

Caminé tantas veces por la misma vereda y hoy, justo hoy, me doy cuenta que a la vuelta de mi casa hay un árbol desbordado de flores rosas. Es el único en la cuadra y creo que el único en un radio de varias manzanas.

Puede que los días sean grises, puede que todo sea difícil, puede que la vida no te sonría, puede que te quejes de cosas que no tienen sentido alguno, puede que te boicotees una y otra vez. Pero mirá. Observá con los ojos bien bien abiertos. ¿Todo está tan tan mal? ¿O es que vos estás parada en la vereda equivocada? ¿O es que estás teniendo una mirada selectiva de lo que pasa? ¿Qué vas elegir ver a partir de ahora?

La vida son ciclos. La vida son flores y hojas secas. La vida son hojas secas y flores.

Camino. A pocos metros aparece una paloma blanca, bien blanca. La miro. Ve para todos lados. Avanza dos pasos. Se va.

Las aves, ¿pueden perderse? ¿Puede una quedar desorientada y no saber para dónde ir? En condiciones normales no. Tienen un instinto más desarrollado que los humanos para seguir su camino. ¿Realmente somos la especie más inteligente del planeta? Sabiendo qué rumbo tomar, nos golpeamos con la pared no una sino MIL veces. A caminar de una vez, a andar.

Internet. Leo un comentario. Me quedo pensando.

Todo son interpretaciones, absolutamente todo. Y nos volvimos dependientes de ellas, son como un velo sobre los ojos. Creemos que podemos juzgar deliberadamente a un otro sin conocerlo, sin comprender ni su historial ni lo que corre a través de sus venas. Qué tranquilos viviríamos si nos despojáramos de tanta mierda.

Sueño repetido: me despierto, me siento en la cama y no puedo abrir el ojo derecho, lo siento como pegado. Tengo que ayudarme con las manos para poder abrirlo y lo logro. La noche siguiente sueño exactamente lo mismo, pero ahora son los dos ojos los que me impiden ver. Otra vez son mis manos las que me auxilian.

Es un momento de despertar. De ver (y también de hacer). De guardar las excusas y los miedos en un cajón. De soltar definitivamente lo que traba, lo que no deja ser. Con paciencia y de a pasos. Firmes pasos.

Discusiones.

Decir todo lo que pensás, con la cruel sinceridad de aquel que no quiere que le quede nada pendiente. Porque todo tiene un límite, porque el otro llega hasta cierto punto. Después es mi campo, mi vida, mi territorio. Porque por más que uno se sienta inseguro algunas veces, la seguridad permanece intacta. Y así el creo-que-soy, pasa al soy: resistente, inmutable, constante e inalterable.

DesafíoCreativo #24

  • Les recomiendo leer la serie de libros escritos por James Redfield, La Novena Revelación (y le siguen la décima, la undécima y parece que también existe una duodécima). Las pueden descargar online desde acá.
  • Si les gustó la idea de pintar mandalas, en esta página pueden elegir el que quieran e imprimirlo.
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3 thoughts on “Día 24: Revelaciones

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