Día 23: Princesa herida

Si hay algo que retiene mi atención hace varios meses es sólo una palabra: TIEMPO. Seis letras con un único significado y a la vez miles de significantes. Un vocablo que me hace reflexionar, angustiar, imaginar, esperanzar, saltar, llorar, desafiar y juzgar. Que me hace meditar sobre el presente, pero que a la vez, me plantea una disputa.

De algún modo u otro, siempre tuve roces con él. Porque lo veo gigante y no llego a sostenerle la mano. Porque a veces agacha la cabeza y me gruñe. Porque otras veces me hace caballito en su espalda y salimos a jugar juntos.

Muchas pero muchas veces me cuestiono si está bien lo que estoy haciendo. ¿Tengo que seguir tipeando o tengo que frenar y cumplir mis obligaciones de hija/hermana/amiga? ¿Está mal si prefiero terminar lo que estoy haciendo en lugar de abrir la puerta y ver qué pasa afuera de mi cueva? Y después de darle vueltas al asunto, me lleno de nostalgia. Nostalgia del tiempo presente y de un tiempo paralelo que no existe. 

Obligaciones. Malditas obligaciones. No quiero sentirme obligada a hacer nada. Ése es el meollo de la cuestión. En un momento de mi vida opté por no hacer aquello que no quiera hacer, tan sencillo como eso. Pero al fin y al cabo siento como si me estuviesen pisando el pecho cada vez que meto un ladrillo más en mi mochila. Ladrillos invisibles que puedo tocar con las yemas de mis dedos.

También pienso en esa línea que separa al tiempo en tres… y estamos equivocados: una cosa es el tiempo verbal y otra es el no-tiempo de la vida. ¿Quién dijo que mi paso por esta tierra tiene un pasado, un presente y un futuro? Las arrugas dicen mucho pero el cuerpo es uno sólo.

Pasé de tener dientes de leche a piel seca, de gatear a caminar, de no decir ni una palabra a escribir con tinta virtual, pero la que transitó cada una de esas etapas fue una única persona para nada fraccionada en espacios ni en tiempos. El tiempo no se divide en tres. El tiempo es un círculo. Es un punto de este mismísimo momento.

Sin embargo hay algo que no quiero soltar, que no me dejo soltar.

(levanto los dedos del teclado y pongo atención a lo que empezó a sonar a través de los parlantes)

 
Busca mis ojos, 
toma mi mano, acércate. 
Este es tu sitio, 
ésta es tu taza de café. 
No digas nada, 
dices con la mirada más de lo que crees. 
 
A la deriva, 
llevas el alma en el timón. 
Vas por la vida, 
solo escuchando al corazón. 
Buscas un puerto, 
buscas un cielo abierto 
lejos del dolor…
(…)
 
Tanto camino, 
tanto buscarte en otra piel. 
 
A tu destino 
querías mantenerte fiel. 
Princesa herida, 
el teatro de la vida 
cambia tu papel…
 
(…)
 
Es que me da miedo ver a los ojos, no sé por qué
Me pierdo en mi propio lugar
No puedo ocultar nada, la mirada es la ventana del alma
Poco escucho a mi corazón
Mi cielo está acá y le doy la espalda

¿A qué destino intento serle fiel?

Soy una princesa herida
escribiendo un nuevo capítulo de su vida.
 

DesafíoCreativo #23

Anuncios

3 thoughts on “Día 23: Princesa herida

Comentarios:

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s