Día 16: Mis 10 mandamientos

“Y un día te han sido dadas estas enseñanzas que hoy dejo grabadas en una piedra virtual. Espero que podáis entendedlas y aplicadlas en tu vida de una buena vez. Con cariño, tu sabia consciencia”

1. Los pensamientos vienen y van, van y vienen

A veces soy una personal muy mental y no me gusta. Me levanto a la mañana colgada de un pensamiento, le doy manija, pasan las horas y como por arte de magia cuando llega la noche, me veo tan desenvuelta de juicios o de razonamientos que sinceramente me río de mi misma. ¿Para qué le di rosca a la mañana? ¿Si los pensamientos son así de efímeros como las nubes?

Se preguntarán qué tanto es lo que pienso y a veces ni yo logro definirlo pero para sincerarme les enumero algunos: hace un tiempo maquinaba con el paso del tiempo, que en algún momento nos vamos a morir y eso me daba terror, que sentía taquicardia y pensaba en eso y las pulsaciones se volvían una bola de nieve, que me quiero ir a la mierda, que no quiero estar acá, que sí quiero estar acá, a veces me voy de mi eje y me siento rara conmigo misma. En fin, cada cual tendrá su mambo, pero algo que me hizo muy bien es pensar eso: los pensamientos van y vienen, van y vienen. Cuando te das cuenta de esto empezás a relativizar lo que sucede en la mente y no te enganchás tanto (lo ideal sería que no lo hagas, obvio).

2. No sos lo que pensás

Esto está relacionado con lo anterior. Si yo creo cada cosa que mi mente irracional me va a mostrar estoy en el horno. Y a veces le doy tanta credibilidad que lo que soy yo de verdad se me cae por las manos. ¿¡Pero estamos todos locos!?

Hay que aprender a SOLTAR (palabra mágica si las hay) y decirle a esa maquinita “nonono chiquita, vos me querés convencer de algo que NO soy ni seré, así que CHAU”.

3. Antes de envenenarte, respirá

A veces me enojo porque tengo que dar explicaciones que no merecen ser dadas, porque siento que me tengo que defender por cosas que  me irritan o están esos momentos donde yo sola pierdo los estribos por huevada. Ahí es donde me empiezan a crecer los pectorales y me convierto en la increíble Hulk pero roja de la sangre que me corre por la yugular. Por suerte, son muy pocas estas situaciones, pero cuando suceden, ¡zas! agarrate Catalina.

Por eso cada vez que pasa: oooooooooooooooommmmmmm y al freezer. ¿Para qué? ¿Tiene sentido? El punto 4 es lo que justifica este asunto…

4. Nada es demasiado importante

La vida es un abrir y cerrar de ojos. Estoy segura que el 90% de lo que nos pasa durante el día y que catalogamos como negativo no es para nada trascendente, entonces… ¿Vale la pena encerrarme en mi enojo, en mis ilusiones? NO.

Ojo, creo que a veces golpear una almohada hace MUY bien o decir lo que uno piensa está bueno porque tampoco somos budas. Pero si entramos en la onda del relativizar, la vida se vuelve tan sencilla y liviana que la sonrisa es inmediata y constante.

5. Despacio, nadie te apura

Ya lo escribí en algún momento: a veces siento que estoy en la misma sintonía que la ciudad, que tengo que hacer todo rápido; que teniendo todo el tiempo del mundo, no tengo tiempo para nada.

TE CALMÁS. Sos vos la que acelera el paso. Que los demás vayan a la velocidad que quieran, vos tranquila.

6. Sentir, por sobre todas las cosas

Hace unos días hice un mini experimiento de sólo unas pocas horas donde intentaba prestarle atención al tacto, al olfato y al oído. Para cada movimiento que hacía se me venía una marea de sensaciones, texturas y sonidos de todo tipo y esto para los que nos gusta escribir es genial. Un buen ejercicio que podemos hacer de vez en cuando.

Por otro lado cuando me vuelvo mental, me gusta retroceder e ir a ese lugar que ve todo desde otra perspectiva. Sí, hablo del corazón. No lo digo en un sentido pegajoso ni romántico, sino todo lo contrario. Si vemos la vida desde lo que realmente somos, si ponemos en primer lugar lo que sentimos, todo lo demás se cae por su propio peso.

7. Receptiva a lo nuevo

Si mi energía se gasta en pensamientos destructivos y no constructivos, entonces mi energía empieza de a poco a perder fuerza (esta no es la explicación formal, pero para que lo entiendan funciona más o menos así). Nos vemos perjudicados nosotros y los que están alrededor porque poco podemos aportarles desde ese lugar. En cambio si nos expandimos todo lo nuevo, lo sorprendente, lo mágico, sucede. Así de simple. Probalo si no me creés.

8. Los ojos son una ventana del alma

Hace un largo tiempo me daba vergüenza mirar a los ojos, no sé por qué realmente. Me sentía intimidada, quizás porque en ese momento de mi vida todos tenían más razón o eran más “x” cosa que yo. Cuando me di cuenta que todos somos iguales, que nadie es más importante que ninguno (algo que nos enseñan desde chicos y que nos lleva a que queramos competir unos con otros, oh maldito sistema capitalista) comprendí que los ojos son las ventanas del alma. Que si te miro veo más allá de lo físico, que sos vos en tu esencia más pura. En esa forma tan particular de ver al otro, no hay jeans de marca, no hay cocodrilos en ninguna remera, no hay zapatos de Ricky Sarkany, no hay billeteras ni cuentas bancarias. Hay personas únicas y diferentes unas de otras.

9. Poné frenos de mano cuando haga falta

Si hay algo que no te gusta, si no estás de acuerdo, si tenés que poner los puntos sobre las íes, si alguien te está boludeando, decilo. Soy pro soltar todo lo que no sirve pero también soy pro del no quedarme con nada pendiente. A veces me cuesta no chocar porque me engrano fácil, pero ahí pienso: lo digo bien, trato de no sacarme mucho, pongo mis límites y el otro si los entiende buenísimo. Si no nos ponemos de acuerdo, que cada cual sea feliz con su manera de pensar y listo.

10. Al ego lo soltás cada vez que te quiera apretujar la mano

Por suerte al ego lo metí en un cajón hace un largo tiempo, pero hay momentos en los que pareciera que quiere salir a molestarme. Cuando hablo de ego me refiero a defenderme cuando no hay ataque, criticar cuando no hay motivos, enojarme cuando las cosas no salen como yo quiero, ese es el significado que le doy a la palabra. Inmediatamente cuando da señales de vida, en lugar de bajonearme o irritarme, intento tomarlo como una alarma y lo suelto lo más rápido que puedo, así de simple.

“Bonus track: dos técnicas que os van a servir mucho”

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