Día 8: Con ustedes, Frida

La versión oficial es que me la compré porque tenía muchas ganas de empezar a tocar. Calculo que esta atracción empezó más o menos a los 13 años, pero no puedo ser exacta porque la música siempre estuvo ligada a mi vida de alguna u otra forma.

Cuando era bien chiquita me paraba en el medio del living, ponía el tema infantil del momento (alguno de Los Parchis, Reina en Colores, Chiquititas, Caramelito en barra –sí, yo la escuchaba y era fan- o Cebollitas) y simulando tener un micrófono en la mano, cantaba, bailaba… y me encantaba. Así pasaba el tiempo.

De más grande seguí haciendo lo mismo pero con temas que van desde Diego Torres, Rod Stewart y Red Hot Chili Peppers (mi abanico musical es muuuuuy amplio). Pasé de las ganas de tener una banda de jazz a una de rock. Ese es mi sueño frustrado. Como también nunca haber podido aprender a tocar la batería, habiendo tenido un novio batero. En fin, cosas que pasan.

La versión extra oficial es que me la compré porque me quería levantar a un compañero de mi primer trabajo. Eso de ser “la chica correcta” de día y “la bohemia” de noche, era un jueguito bastante absurdo pero en parte funcionó (digo en parte porque al final con este chico salimos un par de veces pero después nos dimos cuenta que más que eso no podía pasar).

Tomé clases sólo un mes, después creo que se me complicó porque empecé a estudiar portugués, no me daban los horarios, con el muchacho en cuestión tuvimos un paréntesis de esos bien histéricos y ella la ligó: la guardé adentro de la funda y ahí quedó. Paradita esperando que mi motivación vuelva a salir por los dedos.

No fue hasta antes de ayer que la vi y dije empiezo. Tengo mis anotaciones, tengo posibles temas muy fáciles para practicar, tengo cuáles son los acordes mayores y los menores, y la tengo a ella, bella como es. También averigüé que en un centro cultural cerca de casa dan clases gratis, así que el martes que viene voy a inscribirme (¡crucen los dedos de que hayan cupos!).

Estoy casi segura que si no hubiera sido por este desafío creativo, no nos hubiésemos vuelto a enamorar (sí, pasé de un extremo a otro). Hace un tiempo conocimos a un cicloviajero y músico de la ostia que se llama Albert Sans. Ya le dije que si en algún momento nos cruzamos en la ruta, EXIJO un acústico de sólo dos temas en vivo y en directo por ser su fan. Con eso me conformo.

Me encantaría hacer como él y salir con la viola desparramando música por donde viajemos. Ése es otro sueño que tengo, así que veremos si las yemas de mis dedos se aguantan este intensivo de guitarra durante los próximos meses.

Prometo que ni bien me salga un tema, lo voy a compartir por video. Por favor, no me presionen. Y también prometo componer un tema de 0. Sí, eso también quiero hacer.

DesafíoCreativo #8

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