Día 5: Tiempos de cólera

Corrían los primeros días de enero. El frío del fin del mundo congelaba mis ideas y mis ganas de ver un poco más allá, quizás por el simple hecho de que mis temores eran del tamaño de un iceberg. Sabía dónde estaba parada como también qué grandes decisiones había tomado, pero la incertidumbre no me hacía cosquillas: hacía temblar mis dedos y mis pies. 

Sin embargo había algo que me tranquilizaba: estaba donde quería estar. El sol acompañaba cada uno de nuestros amaneceres y largos atardeceres cuyas agujas tocaban las campanas a las 11 de la noche. Miraba Ushuaia desde la ventana y pensaba tengo todo un país frente a mis ojos y los cerraba esquizofrénicamente, sin poder siquiera racionalizarlo del todo.

Mi relación con ella era escasa, por no decir nula. No entendía ni de cámaras, ni de cadenas, ni de pedales, ni de asientos, ni de parches, ni de soluciones, ni de nada. No quería involucrarme del todo, tal como empiezan los vínculos amorosos. No sabía cómo me iba a llevar con el camino, ni con los camiones, ni con los autos, ni con las motos, ni con ella, ni conmigo misma.

Pedaleábamos con las cubiertas sobre la Ruta 3. Sentía vértigo a pesar de estar a pocos metros del suelo, sentía emoción porque era la primera vez que me dejaba rodar, sentía ansiedad por lo que iba a sentir.

Pero al intentar ver para atrás con el espejo retrovisor, subía y bajaba la adrenalina por todo mi cuerpo en milisegundos: no divisaba absolutamente NADA. Entré en pánico, ¿cómo pretendo sumar kilómetros si no veo? ¿Y si viene un camión y me lleva por delante porque me equivoco de maniobra? ¿Y si un auto me atropella? Mucho miedo, muchísimo.

Mis palabras se las llevaba el viento y Andrés no entendía mi estado de cólera. Algo que para él no era tanto, para mí era esencial.

De un momento a otro me empaqué como un animal salvaje. Me bajé de la bicicleta, él frenó y lo miré a los ojos con rabia. ¡¡¡¡¿NO ENTENDÉS QUE NO VEO POR ESTE ESPEJO DE MIERDA QUE TIEMBLA?!!!! Tenía tanta ira que casi lo quiebro y lo tiro a la banquina. Dos lágrimas de fuego cayeron sobre mis mejillas. Así no iba a llegar a ningún lado. Crisis viajera en el KM 0.

Cada uno siguió pedaleando a su ritmo y tiempos.

Yo iba adelante y me fui, no quería verlo a él ni a los autos ni a los camiones ni a nada.

Me sentía desentendida.

Lo perdí de vista y frené inconscientemente detrás de un auto para mirar la bahía que estaba frente a mí.

Él siguió y nunca me vio.

Llegó hasta la punta.

Miraba para los acantilados a ver si me había caído.

Se cruzó con dos alemanes y les preguntó si habían visto una chica arriba de una bicicleta con una campera color terracota. Hicieron memoria y sí, en algún momento los crucé y sabían dónde yo estaba.

Andrés llegó y estaba transformado. ¡QUE SEA LA ÚLTIMA VEZ QUE HACÉS ESTO! 

Sí, tenés razón pero es que no te vi pasar al igual que vos que no me viste a mí acá.

(el final en el video)

 
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3 comentarios sobre “Día 5: Tiempos de cólera

  1. Te leo en la distancia Jime:) Me siento muy identificada con tus crónicas, rayes de mina y frustraciones creativas. Segui escribiendo que está buenísimo!

  2. Lindaaaa 🙂 Qué lindo saber de vos y leerte! Y qué bueno que seamos muchos los que vamos por este camino de hadas madrinas y ogros jaja. Me encantó esto: “Supongo que también me aburrí de escribir reflexiones extremadamente depresivas en mi cuaderno diario. Y creérmela de Alfonsina Storni por ser sensible y no tener un motivo mas en la vida que escribir” es la realidad y te juro que me reí al leerlo, quizás por la identificación jajaj

    Un abrazo enorme y te sigo!

Comentarios:

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