Día 4: Inspiración 0 Estructura 1

“Writing is a life-long journey. To keep going, we need to overcome obstacles, fight the dragons of doubt and fear, find nourishment along the way, and taste the joy of being creative” Mary Jaksch

Hay días en los que no tengo la más remota idea de qué escribir. Mi cabecita albañil se levanta todos los días diciendo: bueno, vamos a poner este ladrillo acá, después agarramos el cemento, más tarde levantamos esa pared y bla bla bla, lo que me da a entender que a pesar de que mi estructuradismo (?) se desestructuró muchísimo en un año, las estructuras me gustan, o por lo menos, me hacen sentir encaminada.

Digo esto porque al primer desafío que arranqué le di una forma: hablaría una vocecita que me acompaña y me aconseja y me relaja y me caga a pedos (disculpen las molestias ocasionadas por el uso de malas palabras, pero es que soy una mina que putea de vez en cuando) y me pareció un buen momento para dejarla hablar. Pero en este desafío de 30 días es como que aiii, ¿qué pasó? Tenías tantas ganas de seguir escribiendo y pafffff, ¿la creatividad duró sólo 16 días?

No, lo que sucede es que le falta un esqueleto, un plan. Pero.. ¿todo tiene que hacerse bajo reglas preestablecidas? Parece que en mi caso sí.

Un momento: desde hace varios días siento que me están aburriendo mis propias normas de cómo tengo que hacer las cosas. No hablo de ser, sino de hacer. Necesito un día de no crear nada, hacer un picnic con muchas cosas ricas y tomar limonada en el Delta. Lo bueno es que empecé a pedalear y a hacer yoga, así que no es que estoy tan descontenta con mi rutina, pero sí. Hay algo que me está haciendo ruido.

Tengo ganas de empezar a escribir un libro. Quizás sea por eso que quiera “ahorrarme” de palabras ahora. O por ahí estoy con tanto miedo de que me agarre un pánico escénico con la hoja en blanco, que también influye en cómo me estoy desenvolviendo.

Por eso hoy me relajé ante la pequeña ansiedad que me genera no saber sobre qué escribir. Hay mañanas en las que me levanto y digo: sí, esto es lo que vamos a tratar hoy (como si fuese la presentación de un programa de autoayuda) pero hace varios días que no me pasa. Otra cosa que influye es que no estoy en un momento de mi vida donde diga “faaaaa, mirá todo lo emocionante que estoy viviendo”, no. A ver: no estoy viajando, paso mucho (muchísimo) tiempo en mi casa, paso mucho (muchísimo) tiempo con la computadora y si bien amo lo que hago, me cansa un poco.

Lo bueno es que no me nace tampoco escribir sobre mis “miserias” psicológicas o físicas porque me siento bien. Como que lo que salió, sanó. Y se puede decir que estoy en paz conmigo misma. Aunque ahora me obsesioné con que siento que tengo taquicardia todo el tiempo (sí, lo leo y digo, ¡sos una tarada!, ¿saben por qué? Porque me hice estudios de rutina y todo me dio bien, pero mi cabecita quiere entretenerse con sus propias estructuras de enredarse con todo a pesar de que TODO está bien).

Resumiendo: como no pasa nada vibrante en mi vida, no sé de qué escribir. Por ahí empiece una nueva etapa de cuentos o novelas, que confieso me atrae, o de poesía, que amo, pero no tengo la más remota idea de para qué lado va a disparar esto. Probablemente esté en algo así como una “crisis” literaria donde escribir sobre mí ya está. Ahora a crear historias reales o ficticias sobre otros. O sobre lo que miro u observo de otros o de la vida misma. Sí, quizás eso me divierte.

DesafíoCreativo #4

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