Sweet Cero #10: Control

Leíste esto y algo te hizo ruido:

¿Qué puedo hacer ahora al respecto? ¿Qué es lo que está en mis manos y qué no? Y si hay algo que se puede hacer ahora, simplemente hacerlo. Y con lo que no está en nuestras manos, simplemente entregarnos a la realidad de que no lo controlamos y no caer en la tentación de sumergirnos en la desgastadora ansiedad.

Controlamos. Controlarnos. Controlarlos. Control. Esa palabra cuyos sinónimos te despiertan rechazo.

Inspección Intervención Dominio Mando Regulación Dispositivo que regula a distancia el funcionamiento de un aparato, mecanismo o sistema.

En el fondo, te encantaría tener un control remoto. Pero te encantaría para controlarte a vos, para poder estar en cada uno de los lugares en donde están esos que querés cuidar, a lo que no querés que les pase nada. Que todos tus pollitos estén sanos y salvos. Que todo esté bien. Que vos estés bien.

Para casi todo, estás liviana. Este es el “casi” que hay que soltar. Estás desmenuzando tu mente al máximo y lo que venís arrastrando, está poco a poco desapareciendo, como las huellas en la arena cuando una y otra vez las borra el mar.

Tuviste dos sueños reveladores, pero hasta hoy no pudiste ver que el control es algo que está instalado en tu mente inconsciente. Un psicólogo se haría un festín con vos:

lo secuestraban a Andrés, lograbas llegar a esa habitación oscura y bajo tierra donde él y otras personas estaban sin poder moverse y vos lo rescatabas porque sabías por dónde salir.

un ladrón intentaba robarle a tu papá y vos lo matabas…

¡Jimena estás muy violenta! Menos mal que son pesadillas y en la vida real estás tranquila (aunque cuando manejás descargás tu ira).

Estos días te sugestionaste. Sentiste el pulso un poco acelerado y te preocupaste, a pesar que hayas ido al cardiólogo y te haya dicho que estaba todo bien. ¿Entendés el jueguito de tu mente? ¡Es absurdo! Desearías controlar hasta el ritmo de tu corazón.

Suelto la toalla. Me sumerjo en las profundas aguas del misterio-vida y nado desnuda. Si vuelve el pasaje del control, lo regalo, lo tiro, lo rompo en pedacitos. O me lo quedo y lo guardo en el bolsillo del pantalón. Sé que está ahí pero no voy a ninguna boletería, no me subo a ningún avión. Hasta que un día recuerde que estaba ahí y ya no me sirva más. Me saco ese saco, lo cuelgo en el perchero, lo dejo.

Respirá y soltá, estoy acá.

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